La vida de un químico está llena de experimentos. Entras en tu laboratorio, te pones la bata y los guantes, preparas el instrumental, pones en fila los frascos de reactivos y esperas que la teoría de colisiones no haga ningún destrozo considerable en el matraz.
Esto fue algo parecido. Mezclé mi afición por Internet, con mi pasión por la ciencia y con un catalizador como Javi, que desde el principio supo que me engancharía a Twitter, la reacción estaba a punto de comenzar. Como siempre, la serendipia también formó parte de este proceso y una serie de casualidades me han llevado hasta aquí.









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