LA QUÍMICA DE LO PEQUEÑO

El martes por la tarde se emitió un reportaje en una cadena local de La Rioja (TVR) sobre el grupo Diasa Industrial, dentro del programa Expectativas. Formando parte de este grupo se encuentra la empresa Laboratorios LAC, donde yo trabajaba hace ya la friolera de casi cuatro años.

No pude evitar recordar ese año y medio que estuve allí en Calahorra, a 60 km de mi casa, distancia que recorría todos los días en trayecto de ida y vuelta, al ver a algunas de mis ex compañeras de trabajo en ese mismo laboratorio, que fue casi como mi casa durante todo ese tiempo.

Llevaba varios meses buscando un trabajo de “lo mío” (como se suele decir) después de 3 años en un laboratorio de investigación en la Universidad, sin tener ni idea del mundo empresarial y como únicas armas la ilusión de poder vivir de la química y mi Suficiencia Investigadora, casi recién parida, bajo el brazo.

Recuerdo perfectamente el primer día que entre por la puerta, ese pasillo estrecho y gris, esos despachos de los años 80, esos laboratorios llenos de cientos de frascos color ámbar y la que luego sería una de mis compañeras frente a uno de los ordenadores. En aquel momento me temblaron un poco las piernas pensando en dónde me iba a meter. Mi antiguo laboratorio de la Universidad era prácticamente nuevo, de un blanco impoluto, todo estaba ordenado perfectamente y las vitrinas estaban impecables todos los días. Y aquel sitio me parecía un cajón desastre. Sin embargo tenía tantas ganas de ponerme a trabajar que ni se me pasó por la cabeza rechazar la oferta.

Cuando alguien te pregunta ¿dónde trabajas? y tu respondes: en un laboratorio de análisis, la gente se imagina el típico lugar que se ve en las películas, inmenso, lleno de aparatos plagados de lucecitas, matraces con líquidos de vivos colores y aséptico como un quirófano de hospital. No sé como será en las grandes corporaciones farmacéuticas o potentes centros de investigación científica, nunca he estado de uno de ellos, pero la realidad de un pequeño laboratorio de una ciudad de provincias, que lleva abierto más de 25 años, es otra muy distinta.

Nosotras (éramos todo mujeres) peleábamos todos los días con muchas situaciones como la falta de recursos económicos, la exigencia de los clientes a tener los análisis en un espacio de tiempo cortísimo, la competencia de los centros tecnológicos públicos que ofertaban los mismos servicio y un montón de cosas más con las que se enfrenta toda pequeña empresa. Sin embargo, la inmensa mayoría de la gente creía que nuestro trabajo era tan simple como meter una muestra en un eppendorf, añadir un poquito de agua, agitar, colocarla en el cromatógrafo y….. violà!, el papel que sale de la impresora te da todos los resultados automáticamente. Siempre he dicho, y no es coña, que CSI ha hecho mucho daño. Las cosas no son tan fáciles.

En aquellos tiempos, en los que me pasaba horas pegada a una pipeta, aprendí infinidad de cosas: a explotar al máximo el tiempo, a ingeniármelas con el material que teníamos, a apañármelas sin tener detrás un montón de gente que sabía más que yo, a tomar decisiones pensando en las necesidades de los clientes, a ver la química desde el punto de vista empresarial y no puramente científico y, sobre todo, a que debía preocuparme por seguir aprendiendo cosas nuevas constantemente.

Todo esto hubiera sido imposible si no me hubiera encontrado en ese pequeño laboratorio con unas compañeras que hicieron que me sintiera como en casa. Recuerdo con muchísimo cariño las dos horas que teníamos para comer, dónde nos contábamos nuestra vida, dónde nos desfogábamos e incluso despotricábamos de todo lo que nos apetecía, dónde nos reíamos y dónde el trabajo se quedaba en un segundo plano y pasábamos a ser simplemente unas chicas jóvenes que compartían parte de sus vidas.


Nunca olvidaré las risas en el vestuario, los meses de la auditoría, los viajes en el coche con mis compañeras de Logroño, las comidas en La Mafia, los líos, las canciones de Asun, los ratitos del café y cómo tuve que contener las lágrimas el día que me fui.

Sé que las cosas han cambiado en el laboratorio, pero yo prefiero recordarlo tal y como era entonces. En los sitios pequeños también suceden cosas interesantes, también se forman investigadores, también se utiliza la ciencia para dar servicio a las personas. Y esos lugares se alimentan con gente que se esfuerza, que innova, que piensa y que día a día demuestra que hace bien su trabajo.

Este post quiero dedicárselo a Asun, Maite, las dos Cristinas, Raquel, Silvia, Yamila, Elena, Eva, Marga y Ana.

Por que existe mucha Química en las cosas pequeñas.

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4 pensamientos en “LA QUÍMICA DE LO PEQUEÑO

  1. DrLitos

    ¡Qué entrañable! Me ha recordado mis primeros años de tesis, en el centro “viejo” que en realidad era un edificio de oficinas reconvertido en centro de investigación biomédica. Es un buen entrenamiento para aprender que la buena ciencia no precisa de sitios bonitos y relucientes ni material nuevo diseñado expresamente para una finalidad científica; claro que cuanto más dinero, material y espacio se dispone, pues mejor…Y coincido en que en cualquier caso, lo más importante es siempre, la gente. Un buen ambiente puede suplir cualquier otra carencia. En cuanto a CSI, reconozcamos que al menos le ha dado a la gente una ligera idea de lo que es un laboratorio o de qué técnicas se utilizan, antes nadie sabía lo que era una pipeta. Los aparatos que se ven son los mismos que tenemos nosotros, sólo que a ellos les funcionan sin calibrar, sin controles, y les dan los resultados teñidos/coloreados/interpretados en cuestión de minutos O_o

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  2. Patricia

    Muchas gracias por el comentario, Sr Doctor (;D) Muchos empezamos de la misma manera, es verdad. Y es bueno que se sepa como se trabaja en los pequeños laboratorios, en los que quiza no se trabaja en pro del conocimiento universal, pero sí para dar soluciones a pequeñas y medianas empresas que lo necesitan y mucho!!.Encantada de tu aportación en el blog. Espero volver a verte por aquí.

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  3. Asun

    Vaya recuerdos Patricia…… que bien que lo has descrito todo, me ha parecido que estaba allí!!!!!Ánimo con el blog, que la verdad que está muy bien, muy interesante los artículos sobre el butanotriol para conocer otros biocarburantes aparte del Biodiésel (que ya me lo conozco de todos los días jjjj) y el Etanol.Bueno, muchos ánimos de verdad!!!!!!!

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  4. Patricia

    Muchas gracias Asun! Un placer recibir tus comentarios en este humilde blog. No podía dejar pasar la ocasión después de ver el reportaje y recordar aquellos tiempos en los que compartíamos los viajes en el coche. Y por qué no, hacer un sincero homenaje a los pequeños laboratorios donde se aprenden grandes cosas. Me alegra mucho verte por aquí. Espero que no sea la única vez. Un abrazo!

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