CONTEMPLANDO LOS ANILLOS

No, no vengo de una joyería, ni estoy buscando anillos de compromiso. De momento no me caso. Mi fascinación por los anillos tiene a Saturno como culpable. Siempre he sentido cierta atracción por este planeta aunque no sé muy bien explicar el porqué. Sus anillos tienen cierto efecto hipnótico en mí y soy capaz de contemplarlos embobada admirando su belleza durante un buen rato sin casi pestañear.

¿Qué pasaría si la Tierra tuviera los mismos anillos que Saturno? Quizá podríamos admirar imágenes tan espectaculares como estas, especialmente al caer la noche.

Los anillos de Saturno son unas de las maravillas del Universo. No son sólidos, a pesar de su apariencia. Cada anillo está compuesto por cientos de arillos y cada arillo esta hecho de millones de trocitos de hielo puro. Algunos del tamaño de micras, otros del tamaño de un iceberg e incluso los hay de kilómetros de longitud. Estos trozos de hielo que forman los anillos orbitan alrededor de Saturno y quedan atrapados por la fuerza de gravedad del planeta,  formando así capas asombrosamente delgadas.

La estructura de los anillos se encuentra en constante cambio. Las partículas de hielo chocan unas con otras mientras orbitan alrededor del planeta, agrupándose en enormes bloques que son destruidos y creados sin cesar. Cuando las partículas colisionan, se quiebran exponiendo las nuevas superficies de hielo que captan así la luz solar. Este reciclado constante es el responsable de que los anillos permanezcan tan brillantes como cuando se formaron. Por eso reflejan la luz solar y son visibles desde la Tierra.

Los anillos de Saturno son diferentes hoy de lo que fueron hace miles de años y serán diferentes dentro de cientos y miles de años más, pero la belleza de su estructura perdurará para siempre. Quizá sea esa la magia que siempre vi en ellos. Quizá sea eso lo que los hace tan espectaculares. Quien pudiera contemplar de cerca los anillos de Saturno.

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Un pensamiento en “CONTEMPLANDO LOS ANILLOS

  1. Dr. Litos (@DrLitos)

    Fascinantes sin duda alguna. Cuando el otro día mi señor padre me dijo que con su telescopio salchichero veía los anillos de Saturno, pensé que el pobre estaba flipado: mas el que flipé fui yo, cuando lo presencié en persona… es algo precioso.

    Me contaron de pequeño el cuento de que la luna estaba constantemente acercándose a la Tierra en su órbita, y que algún día llegaría un punto en que se desgajaría por la fuerza gravitatoria terrestre y quedaría orbitando un anillo de fragmentos lunares. No sé si es cuento chino o tiene base científica, pero envidio a esos terrícolas del futuro que pudieran disfrutar de semejante cielo.

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