CIENCIA, ATAPUERCA Y MUCHAS PREGUNTAS

Pocas veces una simple frase puede hacer que todo tu trabajo y esfuerzo se vea recompensado. Más aún cuando hablamos de ciencia en estos tiempos que corren. Y en este caso no me estoy refiriendo a los recortes, si no a la ola de incultura científica y a la pseudociencia que veo proliferar en muchos lugares y en muchas personas. Supongo que tal y como están las cosas la gente necesita algo en qué creer, algo que le de fe y esperanza, algo fácil de digerir y que no le requiera ningún esfuerzo. Pero cuando una persona no aficionada a la ciencia ha disfrutado de unas jornadas sobre evolución humana y al terminar todo te dice: “Ahora me hago muchas preguntas“, vuelves a creer en lo que haces. Todo vuelve a tener sentido. Solo una frase. Solo una persona. Para mí es sufienciente.

He estado durante algo más 24 horas en Burgos disfrutando del Museo de la Evolución Humana y de los yacimientos de Atapuerca. No voy a detenerme en contar como fueron las jornadas, porque seguro que hay o habrá muchas reseñas al respecto. Pero sí quería compartir lo que más me ha llamado la atención.

Es evidente mi interés por la ciencia en general, pero tengo que reconocer que sobre evolución humana y Atapuerca solo sabía las cuatro cosas que puede saber cualquier persona. Pues bien, el Museo y Atapuerca te enganchan. Su historia, el yacimiento, la implicación (por lo menos aparente, aunque creo que real) de la gente que allí trabaja y la ilusión que transmiten por el proyecto, que nació hace ya más de 30 años, te llega. Se nota. Se respira. O por lo menos, así lo sentí.

Creo que nadie sale decepcionado de Atapuerca. Ya seas entendido en la materia, un aficionado o un completo neófito. Todos tienen cabida. Y creo que esto se debe a que el personal, tanto del museo como del yacimiento, saben perfectamente de lo que están hablando y son capaces de explicarlo de la manera más sencilla para los más peques o de dar detalles más técnicos y científicos para el público más exigente. Eso es la auténtica tarea del divulgador. Que todo el mundo, sea cual sea su grado de conocimiento del tema, salga contento.

Me sorprendió la tremenda implicación de los medios de comunicación locales en el proyecto Atapuerca. Es cierto que un hallazgo como el del yacimiento es una fuente de noticias importantes, pero creo que para los periodistas burgaleses es mucho más que eso. Tengo la sensación de que también lo sienten como algo suyo. Lo han visto crecer, han seguido sus dificultades y sus éxitos y el ambiente que se respiraba era de una gran colaboración entre ellos y los investigadores. Quizá eso también haya sido uno de los ingredientes para que el proyecto Atapuerca haya llegado a donde está ahora. Y es posible que este sea un buen ejemplo de cómo puede beneficiar la cercanía entre los científicos y los periodistas. De hasta dónde podemos llegar si trabajamos juntos.

También quedó patente la gran complejidad que tienen el conseguir que el proyecto Atapuerca funcione. Hay muchos agentes implicados en este sistema: investigadores, directores, gerentes, periodistas, políticos, empresarios, etc… Poner de acuerdo a todas las personas y entidades involucradas no tiene que ser tarea fácil y los allí presentes fuimos testigos de ello. Sin embargo hay algo que me parece magnífico. Este proyecto nació hace treinta y pico años cuando un estudiante de doctorado, Trinidad Torres, descubrió por casualidad (como casi todos los descubrimientos) una mandíbula humana del Pleistoceno. Desde entonces hasta ahora, muchas cosas y muchas personas han pasado por Atapuerca. Se habrán tenido que enfrentar a numerosos problemas, contradicciones y tensiones. Pero a pesar de todo ello, la grandeza del hallazgo ha permanecido por encima de todo eso.

Muchos de los que amablemente nos contaron la historia del proyecto Atapuerca no se cansaron de repetir el concepto de “socialización de la ciencia“. Atapuerca es un ejemplo de cómo un descubrimiento científico no sólo afecta a los científicos, si no que puede ser una fuente de riqueza y conocimiento que afecte a todo su entorno. Sobre todo a su entorno más cercano, pero también a toda la sociedad por extensión. En este caso, los yacimiento de Atapuerca han servido de revulsivo para el desarrollo rural de la zona y un atractivo turístico para la provincia de Burgos. Aparte de el hecho de que el descubrimiento de los restos hallados en la Sierra de Atapuerca han dejado de ser únicamente un hecho científico para convertirse en un logro histórico y social.

El Museo de la Evolución Humana, dos centros de recepción de visitantes, un parque arqueológico y el propio yacimiento son el fruto del trabajo que se ha realizado durante estos 30 años. Y hay una palabra que me parece clave en todo esto, la paciencia. La ciencia puede darnos cosas maravillosas como esta, pero hay que tener paciencia. Hay que dejar que se desarrolle, hay que apoyarla desde todos los ámbitos y hay que trabajar para que llegue a la sociedad. Se lo debemos. Y cuando todo eso ocurre, estamos sembrando la semilla de algo grande. Estamos ayudando a que nuestra sociedad sea mejor. La ciencia no es solo de o para los científicos. La ciencia es de todos y para todos. Sin excepciones.

Por eso, cuando alguien que jamás se había planteado ir a una charla sobre la evolución de nuestro cerebro o nunca se había interesado por saber quién es el Homo Antecessor disfruta de la ciencia, la comenta, se sorprende, sonríe y se emociona siento que hay que seguir en esto y que tenemos que “construir más Atapuercas”.

Ahora, Ana se hace muchas preguntas y yo vuelvo a tener ganas de escribir. ¿Quién dice que la ciencia no es maravillosa? 😉

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3 pensamientos en “CIENCIA, ATAPUERCA Y MUCHAS PREGUNTAS

  1. Pingback: Ciencia y atapuerca | ForoProvincias.Com

  2. Pingback: Enlaces yuriesféricos del 04/06/2012 | La Yuriesfera

  3. frankament

    …vaya, no he estado en el museo… “sólo” en la excavación y me impresionó la organización y la cantidad de materiales y de conocimientos que se pueden extraer de un área tan pequeña, la genial organización y capacidad de paciencia y exahustividad… al principio no entendía cómo habían podido resistirse a sacar todos los materiales más antiguos! Un genial ejercicio de gestión!

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