Archivos Mensuales: abril 2011

ESOS CIENTÍFICOS LOCOS…

Hace un par de semanas estuve en un Café Científico que tuvo lugar en el Ateneo Riojano en el que el tema central fue “Productos naturales vs. productos artificiales”.

Una de las conclusiones que saqué de aquella charla fue que la mala fama de los productos fabricados artificialmente, o como decimos los químicos, los productos sintéticos, puede ser debida a esa imagen que muchas veces proyectamos de científicos locos encerrados en su laboratorio haciendo vete tú a saber qué maldades, como por ejemplo esta:

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EL BIOBUTANOL: ¿UNA PROMESA DE FUTURO? (III)

Tenía pendiente desde hace varios meses continuar con la serie de post sobre el biobutanol (I y II). La verdad es que la tenía bastante abandonada, pero los carnavales de química y biología me sirven de excusa para retomar el tema y, de paso, matar dos pájaros de un tiro.

El biobutanol no es que sea una sustancia diferente al butanol. El prefijo bio se debe a su procedencia. Es decir, se llama butanol cuando se obtiene por métodos químicos y biobutanol, cuando los métodos utilizados son biotecnológicos. El proceso utilizado para la obtención del biobutanol es la fermentación de azúcares mediante microorganismos del género Clostridium, entre los que encontramos algunas especies solvatogénicas capaces de producir butanol, como por ejemplo C. acetobutylicum, C. beijerinckii, que son las más conocidas y estudiadas.

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MUJERES DE CIENCIA: Hipatia de Alejandría

La erudita griega Hipatia (circa 370-415 dC), que vivió en la ciudad egipcia de Alejandría, marcará la historia por ser la última de los grandes filósofos de la época clásica y la primera mujer en dejar una huella imborrable en el campo de las matemáticas.

Triunfo y tragedia.

Hipatia nació en algún momento entre 350 y 370 (según las fuentes se barajan varias fechas) en Alejandría, que con su célebre biblioteca, fue el principal centro helenístico de aprendizaje de la época. Ella era a la vez la hija y estudiante de Teón, el último matemático conocido relacionado con el Museo de Alejandría, que comprendía la famosa biblioteca y una serie de centros independientes de aprendizaje. Crecer en ese entorno alimentó su pasión por el conocimiento y la libre investigación de por vida. Eso le llevó a cursar estudios viajando a otros lugares del imperio romano. Su padre le aconsejaba: “Mantén tu derecho a pensar. Porque incluso pensar equivocadamente es mejor que no pensar en absoluto”.

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